Centro Los Caprichosos de San Telmo

Nos cuenta Norma Escudero  -  Capital Federal – San Telmo

¡Hola todos! Sigamos contando; aquí van las experiencias de ayer, desde mí, desde yo. Invito a Alejandra, Alicia, Cecilia, Gisel, Laura y Magui a que cuenten las suyas. A las 14:45 en el bar de la esquina de Bernardo I. y Estados U., todo el entusiasmo y la mesa llena de libros, carpetas y papeles -nos había fallado uno de los lugares, pero nos esperaban en dos centros barriales a las 15:00: los locales distan una cuadra y media uno del otro. Nos repartiríamos para contar en los dos lugares… En la misma manzana; el centro de jubilados San Telmo nos esperaba a las 17:00 Alejandra trajo su cámara (ídola), las demás, celulares y muchas ganas de tomar fotos. Allá salimos bajo el sol invernal y hermoso: atravesamos la plaza con ganas de quedarnos a contar allí. (En un banco había una señora leyendo un libro sobre María Estuardo, daban ganas de convocarla..) En el Centro Los Caprichosos de San Telmo -sede de una murga-, el encargado comenzó a desplegar sillas rezongando un poco porque nadie había llegado aún,¡ni siquiera su propia hija, con sus nietos! – “Yo me quedo acá -dijo- porque a las cinco vienen a ensayar los chicos de la murga y nos vamos todos a la plaza” – “¡Yo quiero ir!, dijo Cecilia -uruguaya y murguera, pero se quedó con nosotras. Expectantes, caminamos una cuadra y media hasta el Centro “Tita”, donde los encargados y su familia estaban almorzando y teníamos todo el salón -y todas las sillas- como para hacer un baile. Público, lo que se dice público, NO HABÍA. Los tímidos cartelitos habían sido pegados en la vidriera a la altura de los gnomos petisos, pero allí estaban los avisos. Los chicos, no. Nos sentamos en ronda 5 minutos; hablamos de mates y termos, los chicos no llegaban y los presentes (6 o 7 entre grandes y adolescentes) no tenían muchas ganas de oír cuentos… Nos decía que los chicos no habían concurrido ni siquiera a las actividades gratuitas del día: taekwondo, bailes… En fin, será que el sol los llamó a la plaza, pensamos. “Falló la convocatoria” “¿Qué puedo hacer para la próxima?”, pensé. Las chicas no parecían bajoneadas, sino todo lo contrario -maravilloso. Volvimos al local de los Caprichosos y .. ¡milagro! habían llegado padres con chicos: una mamá con dos nenas (una era bebé) y un señor con un nene muy serio y muy formal. La hermanita de la bebé resultó una voraz degustadora de cuentos y tuvo raciones de todos los sabores: Alicia tenía una historia japonesa de una princesa, una mariposa y su padre (un rey furibundo), hubo animales de la selva, cebras, leones presos ayudados por ratones, pulgas, sapos y lechuzas. Los adultos presentes tuvieron su cuota de cuentos, más que divertidos: un cuento chino que llevó Magui y un loquísimo cuento de Silvina Ocampo que llevó Laura. Minutos antes de las 17:00 nos despedimos de los murgueros -que siguieron la farra en la plaza- y salimos al frío con el corazón un poco más calentito. Sobre todo porque… ¡nos quieren recibir el domingo 21 cuando festejen el Día del Niño! A media cuadra nos esperaban los jubilados del Centro San Telmo: en un santiamén dejaron el bingo, corrieron las mesas, armaron la ronda de sillas y oyeron los cuentos: Galeano habló por boca de Cecilia sobre las costumbres que no abandonamos los de más de 40; Gisel nos contó sobre un pueblo particularmente pesimista donde algo iba a pasar, Alicia, sobre los hombres sensibles de Flores y la búsqueda de la primera novia, todos disfrutaron con Magui del encantador cuento chino y yo les conté uno de amor entre bichos dientudos. Nos sirvieron capuccinos deliciosos, nos hicieron comer y nos despidieron con un aplauso, ¿qué más se puede pedir? Nada, por supuesto. ¿Qué más se puede hacer? Seguramente mucho, hay que pensar. Les mando a todos un saludo muy cariñoso.


Share